A los 72 años de edad, lo escribió en la misma noche que otro de sus himnos. El Sr. L. H. Biglow regresaba en una ocasión de una reunión de oración en compañía de su amiga ciega, la Srta. Fanny Crosby. El tema presentado en la reunión de oración por el que presidía fue: “gracia”, y de camino a casa el Sr. Biglow pidió a su amiga que escribiera un himno sobre ella. Retirándose a una habitación anexa, ella volvió en el curso de una hora con el nuevo himno, que el Sr. Biglow colocó en un lugar seguro con otras de las composiciones de la Srta. Crosby, donde al parecer fue olvidado.
Las circunstancias de su introducción al público son interesantes. Un año o dos después de que fuera escrito, Fanny asistió a la Conferencia de Verano de 1894 en Northfield, en la que el Sr. Ira D. Sankey estaba presente. Al ver a la ciega escritora de himnos entre la audiencia, uno de los presentes hizo la petición de que querían escucharla hablar. Al principio ella rogó que la excusaran, pero el Sr. Sankey logró que hiciera algún comentario, siendo llevada al lugar del predicador, y al final recitó el himno por primera vez en público. Jorge C. Stebbins poco después aplicó las palabras a la hermosa melodía con la que se canta.

La débil cuerda cederá
Y aquí no más podré cantar;
Mas, ¡qué placer! en la mansión
De mi Señor al despertar.
Y cara a cara le veré,
Y la historia cantaré
De cómo mi Señor Jesús
Me ha redimido por su cruz.
Mi casa terrenal caerá;
El cuándo, no podré decir;
Mas sé que Cristo tiene ya
Morada eterna para mí.
El áureo sol al descender,
Un día, ¡qué felicidad!
Me tomará mi Salvador
Para con Él por siempre estar.
Mi alma espera su llamar
Y hasta entonces velaré;
La puerta luego Él abrirá,
Y a Él mi vuelo elevaré |