La letra procede de una poesía escrita por Carl Boberg, en 1885; pastor y senador sueco, que un día soleado, cuando regresaba de una reunión, le sorprendió una tormenta en medio del campo. Entonces se refugió entre unos árboles, y meditando en la grandeza de Dios recibió la inspiración.
Stuar K. Hine, misionero inglés, lo aprendió en Rusia, donde habían añadido la segunda estrofa, e hizo la traducción añadiéndole la cuarta estrofa, en 1948. Posteriormente, fue traducido por un argentino al castellano, en 1958

Señor, mi Dios, al contemplar los cielos,
El firmamento y las estrellas mil,
Al oír tu voz en los potentes truenos
Y ver brillar el sol en su cenit.
// Mi corazón entona esta canción:
¡Cuán grande es Él! (bis) //
Al recorrer los montes y los valles,
Y ver las bellas flores al pasar;
Al escuchar el canto de las aves
Y el murmurar del claro manantial.
Cuando recuerdo del amor Divino,
Que desde el cielo al Salvador envió,
Aquel Jesús que por salvarme vino
Y en una cruz sufrió y por mí murió.
Cuando el Señor me llame a su presencia
Al dulce hogar, al cielo de esplendor,
Le adoraré, cantando la grandeza
De su poder y su infinito amor |